Dar una caminata o un paseo por la Naturaleza para explorar el entorno en el que vivimos y del cual hacemos parte integral es muy saludable no solo para el cuerpo, sino en particular para la mente y el espíritu. En tal sentido, la Naturaleza tiene un gran efecto terapéutico, calmante y regenerativo, en comparación con la ciudad y los centros urbanos, en los que la multitud, el ruido, la contaminación, la agitación de la vida diaria, nos roban la paz y el sosiego haciéndonos presa del estrés, la ansiedad, la paranoia, la enfermedad.
Durante un paseo al aire libre todos nuestros sentidos se agudizan. Sentir los rayos del sol, escuchar el sonido del viento, respirar el aire fresco, sentir el rocío, tocar y oler las plantas a nuestro alrededor, contemplar el paisaje natural, dejar que nuestra mente corra libremente olvidándonos de nuestros quehaceres y preocupaciones diarias, generan sensaciones de: calma, paz interior, tranquilidad, autoconfianza, serenidad y bienestar general.

Buda enseñó que estar simplemente en la Naturaleza, alejado del ruido y en silencioso proceso introspectivo (de reflexión, meditación, oración, observación, etc.) , era de gran ayuda para conseguir la revelación. Igual lo demostró el Maestro Jesús. Ya contemporáneamente tanto artistas como escritores buscan la soledad de la Naturaleza para lograr la inspiración que luego plasman en sus obras y/o escritos.

Los paseos silenciosos por zonas naturales nos permiten recuperar el espíritu natural de calma, sosiego y paz interior que tanto necesitamos para fortalecer la salud emocional y física, pues se ha dicho desde la Antigüedad, que “los males del cuerpo son el resultado de las enfermedades del alma”. Tales paseos también representan momentos u oportunidades para volver a recuperar nuestro “espíritu de niños” muy caracterizado por la capacidad de asombro y admiración de las diversas formas y expresiones de la Vida, que conducen a un elevamiento de la conciencia ecológica que hemos perdido y a mejorar el interés por la protección, conservación y uso racional de los recursos naturales, al admirar tanto la belleza de la Creación, como al comprender la interrelación que tenemos con todos los elementos naturales (agua, aire, vegetación, tierra, etc.) y con el Universo en general, con lo que empezamos a experimentar nuestra propia participación en la Red de la Vida.

Nuestra invitación es entonces a salir de la rutina y acercarnos a la Naturaleza. El contacto con la Naturaleza, mirar los árboles, contemplar un paisaje montañoso, sentir el viento o escuchar cómo suena el agua, nos permite recuperar la armonía perdida a causa del estrés, mejora nuestro estado anímico, y además agudiza la concentración y la memoria.

Una caminata nos aportará flexibilidad, resistencia y fuerza. Va a fortalecer nuestras piernas, va a estimular la circulación sanguínea, reforzará nuestro ritmo cardíaco y nos dará una dosis de vitalidad y energía. Si salimos a pasear por espacios naturales en un día soleado, gracias al sol conseguiremos además un aporte extra de vitamina D, fortaleciendo así nuestro sistema óseo. Adicionalmente, si nos preocupa conservar la figura, caminando podremos quemar las calorías que nos sobran.

Es estando en contacto con la Naturaleza cuando notamos una gran calma interior, se relaja nuestra respiración, aminora nuestro pulso, baja nuestra tensión arterial, somos más propensos a la meditación. La Naturaleza va a fomentar nuestra creatividad al traer a nuestra mente pensamientos optimistas, potenciará nuestras capacidades mentales y afectivas, mejorarán nuestros procesos cognitivos e incluso conseguiremos que aumente nuestra función inmunológica. Un sencillo paseo por el campo va a favorecer nuestra recuperación tanto física como mental.

Además de estar en contacto con un paisaje plagado de belleza y llenarnos los pulmones de un aire más puro, los entornos verdes son un gran aliado para combatir la violencia, ya que nos ayudan a reducir la agresividad al aliviar nuestras tensiones. Es más, según algunos estudios científicos, el bullicio de la ciudad consume nuestra atención y nuestra memoria, mientras que estar en contacto con la Naturaleza tiene un efecto calmante y mejora nuestra memoria a corto plazo. Incluso hay estudios que indican que los niños con hiperactividad se concentran y atienden mejor tras una caminata en medio de la Naturaleza.

Los beneficios de caminar al aire libre en medio de la Naturaleza son innegables. Algo debe haber cuando llega el fin de semana o días festivos y muchos decidimos salir de la ciudad en busca de parques o espacios naturales donde encontrar el sosiego, la calma, un poco de paz y tranquilidad. Porque la armonía de la Naturaleza mejora nuestra calidad de vida y cualquier ruta por espacios naturales por pequeña que sea va a beneficiarnos, nos relajará, descansaremos intelectualmente y mejorará nuestra autoestima. Además dará más fuerza, resistencia y energía a nuestros pulmones y a nuestro corazón, como también mas salud y creatividad a nuestra mente.





José Eduardo Pedraza
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